lunes, 5 de septiembre de 2016

Para dejar América del Sur





Escucho los aviones pasar afuera, en la madrugada fría de Bogotá, de una Bogotá que es suficientemente fría para que mis pies no puedan calentarse adentro de la cama, mas no tanto como mi Montevideo, donde ahora estaría temblando, con el calientacamas encendido, dando grititos para sacudirme el frío. Pero no, no estoy ahí, estoy en el hemisferio Norte, aunque siga en América del Sur, y escucho los aviones sobrevolar la casa, los escucho despegar y ensordecer el aire mientras se van hacia quién sabe dónde, y cada vez que los motores y turbinas de esas máquinas aladas llenan el silencio recuerdo que estoy a horas de subirme a un avión por primera vez y no lo puedo creer. Voy a subir a un avión, voy a volar sobre las nubes y voy a bajarme en otra parte. Bogotá me despedirá con una amiga llena de lágrimas y mi mochila llena de sueños, hermosas cartas, piedritas y cientos de recuerdos. Me voy de Sudamérica. Paso a paso, me fui yendo de todos lados.

Quiero subir a ese avión, quiero nadar en las nubes envuelta en mi traje metálico, correr por el cielo para llegar a una de las ciudades más grandes del mundo. Quizá me va a arder la garganta por el smog, quizá voy a llorar mientras veo el universo pasar tras la ventana del metro. Quizá tenga tiempo para sonreir, para lagrimear, para cantar. Seguro tendré tiempo para sonreir, lagrimear y cantar.

Ahora que estoy sola y a la vez no estoy sola jamás, ahora que sé que mi familia en su no entenderme me entiende y en su entenderme no me va a entender nunca; ahora que sé que a nadie le molesta lo que estoy haciendo con mi vida y que si a alguien le molesta no importa, ahora que sé que a mí no me preocupa tanto como antes lo que piensen, ahora que entendí que nunca voy a saber qué les puede gustar de mí a los otros, que siempre me equivoco, que nunca acierto a predecir sus reacciones, ahora que sé que no sé actuar para manipular a la gente, mejor abrazo mi transparencia más de lo que la he abrazado antes, mejor soy yo, y que venga conmigo quien me pueda querer así.

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Sigo yendo hacia el Norte. Escucho Prietto viaja al cosmos con Mariano. No sé dónde va a terminar mi viaje, no sé si encontraré un lugar donde quiera parar, no sé si voy a querer vivir en alguna parte, si querré seguir viajando o si querré morir. Probablemente me pase todo eso a la vez. Soy la niña de las mil contradicciones, como me dice siempre D.

Me voy de Sudamérica, los aviones pasan, los perros ladran en una grabación de youtube, es de madrugada. Mis pies siguen fríos. Pero mi corazón no. Siempre no. ¿Siempre no? Siempre no.



Julio de 2016 / Las fotos las tomé en mis vuelos Bogotá - Ciudad de México y Guadalajara -Cancún.

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