martes, 24 de noviembre de 2015

María Rosa Mística


 Comparto con ustedes el disco de María Rosa Mística, la banda que armamos junto a Pau O'Bianchi. Juntos creamos estas canciones, las grabamos, las trabajamos, las amamos, las gestamos y hoy las estamos pariendo. Fue una época hermosa de amor y trabajo para dar luz a estas canciones y a quienes somos hoy, después de tanta música, tanto amor, tanto trabajo, tanto crecimiento. No tengo palabras para expresar la felicidad de estar compartiendo con el universo la música que hicimos. Ojalá les guste.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Pasajera en trance


Así, en trance, en tránsito perpetuo. En eso estamos todos, pero cuando te movés un poco, saliendo de verdad verdadera de la famosa “zona de comfort“, es que te das cuenta de cuán en movimiento está todo.

Hace casi dos meses que salimos de casa. Para quienes hacen vacaciones de veinte días es muchísimo, para nosotras ha sido bastante, para los viajeros que nos encontramos en el camino es casi siempre un “ahhh, recién salieron“. Llegando a Potosí, después de un mes y medio por el Norte de Argentina y una semana en San Pedro de Atacama, Chile, sí, el viaje parece recién estar empezando. El viaje siempre parece recién estar empezando. Cuando creés que te acostumbraste a algo, a cualquier cosa, a cualquiera sea la partecita de viajar o estar en otro lado que creas que empezaste a entender y adaptarte, plim, un cambio de lugar, un cambio de personas, una despedida, una muerte allá a lo lejos, un proyecto en el que dejaste de ser necesaria, un sueño que termina, algún viajero que vuelve a su hogar, una noticia buena de la que no sos parte, alguien que se va sin decir adiós, cualquier cosa, y te das cuenta de que esto recién empieza. Que a estar lejos de casa se aprende muy rápido y muy despacito, que las ambiguedades están a la orden del día, que tenés que escribir en un teclado sin diéresis, tildes o comillas, y estás tan sólo en Bolivia. Que cada vez se pone más intenso y más raro, que las preguntas se vuelven más fuertes, que quizá no sea tan fácil encontrar lo que viniste a buscar, que quizá lleve tiempo, que quizá esté muy lejos. Que quizá todo eso que parecía que iba a serte entregado tan simple y rápidamente tenga sus idos y vueltos, que hay que hacerse también al oficio de viajero. Y que cuando te soltás de todo, volver a agarrarte no será fácil.

Hay días en que somos simples nubes solitarias, pasando bajito por el aire del desierto, flotando sobre un pueblo o una ciudad, mirando en paz lo que sucede, sonriendo desde arriba. Hay días en que somos géisers, explotando con toda nuestra pasión y nuestra vida, desde lo más profundo de la tierra, conectadas con todo, mostrando nuestro poder y nuestra fuerza en donde nos toque abrir una grieta. Hay días en que somos el agua espumosa que viene de un cerro, haciendo ruido al pasar, uniéndonos a quienes nos oigan. Y hay días difíciles, de callarse, de añorar un lugar que ya no existe. Esos sentimientos no son patrimonio de los viajeros, lo son de cada ser humano que habita esta tierra. Y aquí estamos, viviéndolos en este lugar, de esta manera, como podemos, como somos, como estamos. Buscando algo, encontrando otras cosas. Aprendiendo sí, algo que cuando te movés de esta manera no te queda otra que aprender, aceptar y abrazar. Y en este teclado tampoco hay dos puntos para que lo ponga, pero es aprender a despedirse. Todo el tiempo. Todo el tiempo encariñarte con seres hermosos que se tienen que ir o se tienen que quedar, todo el tiempo hacer amigos del alma con los que podés compartir no más un par de días y luego, con voluntad y suerte, quizá seguirla por internet. Acostumbrarte a conocer todos los días algo nuevo. Personas, lugares, sabores, olores, maneras y lo más sorprendente, a otras formas de ser nosotras mismas.

Es muy extraño. Escribiendo tampoco encuentro respuestas a las preguntas que me hago. Pero sé que estoy en el camino correcto, y que hay que seguir andando. Que a veces no sé decir lo que quiero decir de la mejor manera, y con quienes están lejos tengo apenas mis palabras para que sepan cómo estoy. Pero me conocen, me saben, y saben que estoy bien. Que salí a buscar más que esto, y que tengo que seguir caminando hasta encontrarlo. Y que tener la oportunidad y la bravura de estar haciendo esto es un regalo sublime.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Viajera

Escribir para el blog desde el teléfono no es fácil, pero quiero hacerlo.
Ya hace una semana que estamos viajando, una de las semanas más intensas de mi vida, sin dudas. Todos los días pasan situaciones y personas extraordinarias, todas las noches nos acostamos diciendo lo increíble de todo lo que estamos viviendo, la suerte de poder ser y estar acá, agradecidas y con el corazón llenito de alegría. Entre los miedos, las incertidumbres y los dolores (que están, porque soy una humano, pero son las emociones menos intensas) estoy segura de estar en mi camino, en movimiento, buscando, sembrando, cantando, iluminando, siendo. Está todo bien, este mundo es una maravilla.
Córdoba nos ha recibido con los brazos abiertos, cada lugar es mágico, la gente -de todas las provincias- es amable, muchos nos ayudan, nos cuidan y se preocupan por nosotras. Hemos encontrado compatriotas en el camino, hasta viejos amigos. Todos nos dicen que vamos bien, que sigamos adelante, y seguiremos.
Quiero agradecer a todos por estos gestos hermosos que están teniendo, darles la bienvenida a quienes lleguen aquí a través de las postales que estoy regalando, e invitarlos a que me sigan en instagram.com/srtaperitas, porque es lo que estoy pudiendo actualizar más seguido.

Gracias a todos por todo. Seguimos caminando y disfrutando, conmoviendo y conociendo, gozando y sanando.

La foto es del Uritorco visto desde el dique "el cajón" en Capilla del Monte. Donde pidiendo dedo terminamos haciendo una excursión con un grupo de gente de La Falda.


martes, 8 de septiembre de 2015

Vamos viendo


Preparar un viaje lleva tiempo, lleva lágrimas, risas, bailecitos y canciones. No es fácil, nunca es fácil hacer aquello que sabemos que es importante. Tantos años ¿toda mi vida? esperando esto. Salir al mundo, aventurarme en él, desatar algunos nudos, preparar la nave, y salir sabiendo que no hay mucho de qué abastecerse para prevenirse, que quiero estar desnuda, caminando con mi caparazón y nada más, encontrando lo que deba encontrar, sintiendo la vida, sintiendo que navego con ella, que no hay nada seguro más que el ser y el estar, el andar para entender, el probar para conocerse.

Paro. Me cebo un mate. Esto es real, en el cajón está el pasaje. Un único pasaje de ida, un empujón inicial que nos lleve un poquito lejos, después vamos viendo. El primer pasaje, que nos lleva donde nadie nos conoce y no conocemos a nadie, pero donde todos nos están esperando, sin saberlo, nos están esperando. Y es real, porque cuando veo lugares para alojarme descubro que el que más me gusta es el más barato y agreste, la gente a la que le escribo por Couchsurfing me ofrece alojamiento a cambio de ayudar a construir casas ecológicas autosustentables o dar una mano con la huerta orgánica, y cuando todos los amigos que creí me iba a encontrar en el camino me avisan que no van a estar yo sé que se trata de esto: de toda esta gente nueva que vendrá, todo esto que siempre quise pero que aún no conozco y que me está esperando para mostrarse. De que para estar sola en lo desconocido hay que estar un poco sola y un mucho sin lo conocido, pero puedo intuir que esa será la única soledad que me aguarda, porque todo lo demás me grita que me quiere, que me extraña, que me espera: las sierras, las casas de barro, las huertas, las abejas, las flores, los campings al lado del río y el aire limpio de luz y de humo.

Me cebo otro matecito. Tengo un mate y un termo nuevos, chiquitos, especiales. Son el principio del viaje. La primer compra conjunta con mi compañera de ruta, una nueva amiga, y qué significativo que nuestra primer compra sea esta, un mate. No es una infusión, señores, es un artefacto guaraní muy arraigado en la cultura popular uruguaya que se utiliza para comulgar, para reunirse, para compartir. Ya estamos prontas, vamos juntas y solas hacia la aventura, que no es ni escalar montañas reales ni cruzar fronteras imaginarias. Es encontrar partes de nosotras y del Cosmos que aún no sabemos cómo son pero intuimos que existen. ¿Cómo vamos a hacer para hallarlas? No sé, vamos viendo.

Paro. Dejo descansar mi cuerpo, mis sueños, mi pensamiento.
Un amigo me escribe, finalmente va a estar esperándome. Él y sus buenas noticias, él y su voz que ahora está llena de emoción, de alegría, de esa sensibilidad que por fin se manifiesta. Él, que ahora es este porque hace años decidió hacer el mismo viaje que yo empiezo ahora. Ay, si te das cuenta, los círculos de la vida se cierran y se abren a la vez, y más que círculos parecen flores eternas. Cuántos encuentros y desencuentros, cuántas vueltas para ir a quién sabe dónde. Y es ahí, en el misterio, donde viven tanto el miedo como la intensa maravilla. En no saber nada, en intuir un poco, en desear mucho y en sorprenderse bastante.

Me voy en unos días. Y no voy a escribir hablando de sitios turísticos, de qué ver en qué lugares, de qué hay en dónde ni cuánto sale nada. Me voy, pero el viaje de mis pies sobre la Tierra es sólo un intento por hacer más tangible este viaje que es hacia adentro, esta travesía que es vivir, esta cosa que se escurre, se escapa y corre, este sueño intenso y frágil que cada vez se vuelve más real, más asible a medida que crezco, y cada vez estoy más segura de que los mejores años son los que están viniendo. Porque no solo "vamos viendo" como uso coloquial para decir que cuando estemos frente a la necesidad de tomar una decisión la tomaremos, y no antes, sino que vamos entendiendo, vamos develando, vamos conociendo, vamos haciéndonos con herramientas para seguir viviendo.



viernes, 4 de septiembre de 2015

Casita

Una tarde decidí retratar nuestra casa. Sus detalles, lo que hace que sea nuestra y no de otras personas. Las pequeñas marquitas, la forma en que la luz se cuela por la ventana o irradia desde una lámpara. Decidí que tenía sentido registrar y guardar para siempre la casa que habito hoy, la forma en que la vivimos, las cosas que nos rodean, que son nosotros hoy. Esta casita a la que llegamos una mañana de abril sin saber si sería sombría o luminosa, la que recorrimos y a los dos minutos adoramos y decidimos sería nuestro hogar. Y lo llenamos de canciones, de amor, de cosquillas, de lágrimas, de besos, de sopresas, de plantas. Con palo santo y romero ahumado le pedí a estas paredes que nos cobijaran, que nos cuidaran, que nos quisieran, que fueran nuestras amigas. Y vaya si lo son. Me gusta nuestra casita, nuestra casita que desde el principio nos recibió y nos dejó formar nuestro hogar en ella, vivir aquí un tiempo hermoso. 

lunes, 10 de agosto de 2015

Oh, la maternidad.


La maternidad. Lo escribís y te viene como miedito. Todos tienen algo para decirte al respecto, todos tienen una crítica sobre lo que piensan los demás, todos tienen una verdad para cómo, cuándo, por qué, con quién, dónde y para qué hacerlo. Todos y todas tienen una opinión fundamentadísima e increíblemente indisoluble de su experiencia personal, que por lo general suele invalidar la de cualquier otro que no piense y sienta igual.

Todas las mujeres llegamos a este mundo con un cartel de "madre" en la frente. Desde que sos pequeña te regalan muñecas, te preguntan cuántos hijos querés tener, cómo les vas a llamar, y válgame dios, hasta surgen juegos de combinar esos nombres con apellidos posibles de posibles maridos padres (por suerte ahora con la Ley de Matrimonio Igualitario, mi ley favorita de los últimos tiempos, las mujeres podemos ser las que heredamos nuestro apellido en primer lugar a nuestras criaturas, si así lo decidimos en nuestra pareja... aunque dudo que sean muchas las parejas que deciden estas cosas en conjunto, y el Partido Nacional logró imponer la clásula de que si no hay acuerdo, va primero el del varón...). Esas preguntas de cuántos y cuándo, siguen toda la vida (y cuando andás cerca de los treinta, como yo, viviendo en pareja, como yo, se le suma la preposición "para", sumándole apuro a la cuestión).
No basta con ser hija, ser hijo es un atributo que le queda a los hombres, y a ellos sí parece quedarles para toda la vida. En el imaginario, en la generalidad (no me salten a la yugular, ya sé que habemos muchos que pensamos y queremos cosas diferentes), el hombre será por siempre un poco inútil, un poco distraído, un poco incapaz de entender qué siente él y qué sienten los demás, será por siempre un poco hijo de su madre, que hará buenas o espantosas migas con su nuera, la sucesora del cuidado de su siempre por siempre hijo, la segunda madre que se encargará de hacerle la comida, lavarle la ropa, recordarle que pague las cuentas, hacerle la lista del supermercado y rezongarlo cuando se pase de rosca jugando juegos de mano con sus propios hijos.

Nosotras un día tendremos que tener un hijo, o dos, o tres. Tendremos que pasar por eso para estar completas, para honrar nuestra femineidad, nuestra vida, nuestro vientre, y a todas las mujeres que parieron nuestra sangre hasta llegar a nosotras (con suerte eso, y no el mandato real detrás de la política de imponer la maternidad como único fin en la vida de las mujeres: parir soldados para las legiones y ciudadanos para la Patria). Hasta que a alguna se le ocurrió abanderarse con que no quiere, no le interesa, no podría, le daría asco, o un millón de etcéteras que pueden corresponder con el sentir de un millón de mujeres que habitan este mundo. Yo no pertenezco a ese grupo, así que no me corresponde hablar al respecto, principalmente porque no quiero hacer lo que vengo a criticar acá: creer que entiendo el sentir de otro, ponerme en su lugar, intentar cambiar su postura parándome en la mía. No puedo, no quiero. Tengo mis propias inquietudes al respecto. Y de eso quiero hablar.

Decir que una quiere ser madre cuando no lo es y no tiene miras de serlo a corto plazo, teniendo casi treinta años, tampoco es fácil. Una vez puse en twitter algo como "basta de poner fotos de sus bebés, que me tengo que hacer la que no quiero tener uno y no me sale". No estaba hablando de que tengo que mentirle a mi pareja, a mis amigos, a mi familia. Estaba hablando de esto, de que al parecer tengo que justificar mi no ser madre con un no querer ser madre nunca. En seguida saltó un hombre que tiene unos años más que yo a decirme algo como "borrá ese tuit que da miedo" Eso, eso. A eso iba mi tuit. ¿Te da miedo que diga que quiero ser madre? Sí. Parece que no podés andar por la vida diciendo que no querés tener hijos, pero tampoco podés andar por la vida diciendo que querés tenerlos.

¿Por qué la gente tiene tanto miedo de lo que YO puedo decidir o querer para MI vida?

Cuando se zanja el tema de ser madre sí / ser madre no, viene el problema de cuándo. Con quién. Cómo. Y todos tienen algo para opinar al respecto. Si estás viviendo ahora ciertas cosas que querés vivir antes de ser madre, alguien te va a decir que ser madre no te va a frenar ni drenar, que estás equivocada esperando tener ciertas seguridades, cuando no que sos egoísta por pensar en vos... Yo sé que el mundo no se para y que una puede seguir siendo una, haciendo cosas, luchando por sus sueños, trabajando en sus proyectos y siendo feliz, y que un hijo puede potenciarte en lugar de estancarte. Gracias, lo sé, mi mamá me tuvo a los veinte. Después aparecen los que te dicen que esperes, que te queda un montón de tiempo, que tenés años, que para qué preocuparte ahora, que mejor tener un mejor trabajo, una casa propia, un auto y dos niñeras. Unos creen que hay que estar casado, otros que tenés que haber probado bien la convivencia, otros que no pienses en nada...

A lo que voy es a esto, y está conectado con este post: no creo que todo en la vida pueda decidirse. Creo que hay cosas que se trabajan, y hay cosas que te pasan, no importa si creés que estás preparada o no. Y creo, siento, que el Cosmos sabe más para qué estamos listas que nosotras. Si te tocó tener tus hijos a los veinte, probablemente fue un desafío que para algo tenía que llegar, seguramente tus hijos vinieron a enseñarte cosas, a acompañarte en el proceso de salir de tu adolescencia, del nido de tus padres, a darte un empujón. Si los tuviste a los veinticuatro, quizá ya tenías algunas cosas más claras, o no, y necesitabas que este nuevo ser apareciera para darte una mano, para, como dice Mariana en Madrecoco, ayudarte a entender que sos feminista, a cuestionarte la existencia, a hacerte preguntas que nunca te hiciste. Quizá yo no precisé tener un hijo a los veinte ni a los veinticuatro, de hecho estoy segura de que no precisé un hijo para hacerme preguntas existenciales ni cuestionarme el sistema, el patriarcado, mi misión en la vida, cuáles son mis sueños ni quién quiero ser. Quizá mis hijos tengan que venir en otro momento para ayudarme con otras cosas, o quizá no los voy a tener nunca y los voy a extrañar siempre. Pero nadie puede decir cuál es el momento indicado, ni qué misión van a tener esos seres en la vida de otro. Ni siquiera podemos saber quiénes van a ser ni qué nos van a enseñar los que tengamos nosotras mismas. Alguna puede necesitar ser madre para empezar a cuidarse a sí misma, otra puede necesitar ser madre cuando ya aprendió a cuidarse sola. Algunas tienen hijos porque aman los niños, otras por que sus maridos las obligan, otras porque piensan en no estar solas cuando sean viejitas, otras para no estar solas ahora. Algunas quedan embarazadas de sopetón sin proponérselo y se les da vuelta la vida, otras se ponen a forzar la venida de un hijo con esperanzas que yo no sé bien dónde residen, algunas los tienen con el amor de su vida, otras solas con un fulano que se borró, otras con un esposo al que no quieren, otras no saben quién es el padre, otras saben y no le dicen, otras con un compañero que eligieron por razones económicas, otras con otra mujer; otras no tienen hijos nunca y sufren por eso, otras están felices y exploran todo su instinto materno con sobrinos, ahijados y todo niño que se cruza en su camino.

Yo no soy nadie para entender por qué las cosas le pasan así a cada quien. Cada una de nuestras vidas es única, y no todo depende de nosotras. La vida es más sabia que todas nosotras juntas, y todo lo que tiene de sabia lo tiene de misteriosa. De lo que yo estoy segura es de que las cosas pasan cuando tienen que pasar, no antes, no después, y que lo que a una le sirvió para algo, a otra puede no servirle para nada, y en el caso de un hijo, sería demasiado riesgoso proponerlo como salvador, inspirador o lo contrario, de la vida. Si tus hijos tienen que venir, vendrán. Si mis hijos tienen que venir vendrán. Y vendrán en el momento correcto. Nadie los va a apurar.

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